Anónimo escrito en un cuaderno de mi compañera de banco

Me besas al despedirnos

como mamá

te preocupas por mí

como mi hermana

y no te burlas como la vecina

si me pillas mirándote

y miras para otro lado

si me pongo rojo

porque me pillas

mirándote y no me atrevo

a decirte que me gustas.

Entonces me voy y regreso

a decirte que me gustas

pero sólo te digo si hay tarea

y vuelvo a volver

para que me despidas como mamá.

Pero como mamá despide a papá.

Soñar no cuesta nada

siempre miraba en la puerta
en el suelo a la entrada
por si había algún papelito
por si se te había ocurrido pasar
por si habías sentido la necesidad de pasar
y siempre que volvía de Viña
tenía el sueño de encontrarte ahí
sentada en la puerta
sentada en la escalera
y siempre te saludaba
y así me aliviaba,
en una ínfima medida me aliviaba.

también cuando los perros ladraban mucho
pensaba que eras tú
que podías ser tú
porque así le ladran los perros a las personas que no conocen
y el viento en las ramas del damasco
y en las hojas
y el viento en las plantas
también eras tú
también podías ser tú
y los perritos que vienen a pedir cáscaras de queso
también podías ser tú
pero nunca fuiste tú

nunca en ninguno de estos casos fuiste tú
siempre fue el viento
y los perritos
y los pasos de otras personas
y los ladridos para otras personas
y ya no te confundo con los pies de los perritos
y ya no te confundo con el viento entre las ramas
y ya no te confundo con el viento entre las hojas
y ya no te confundo con el viento entre las plantas
y ya no te confundo conmigo
y ya no me confundo contigo
y ya no nos confundo a los dos

Celos que matan, pero no tanto


“Hombres de mala ley, animales de mierda
que no son capaces de hacer nada que no sean desgracias.”
(Gabriel García Márquez)

1
Ya había visto sus ojos en los tuyos
que no me miran que se mueren por verla.

2
Era un desliz definitivo.
Desde un bolsillo de secretos
un nombre de mujer
tu letra un número
la prueba final en la estructura mítica del héroe
-consultar Villegas, Juan- desde el bolsillo
esa mujer
ese cuerpo de tus delitos.

3
Mañana marcaré ese número.
Repetiré la operación hasta dar con esa palomita.
Pienso decirle menos cosas de las que pienso.
Pero a ti, te lo advierto
nos encontraremos los tres y sean cuales fueren los resultados
te lo prometo
aquí va a haber un muerto
habrá un muerto en la familia
querido mío.

4
Como ves
o como no ves
estoy pendiente de ti.
Estoy el colmo de ti.

5
He aguzado el olfato
para husmearla mejor en tus camisas
en los jardines de tu pecho.
Si captaras la sutileza de mi oído
qué magnífico espectáculo
pegado a las puertas
el ojo a las cerraduras
como el náufrago a su tabla
y todo el océano para él solo.

6
Todos mis sentidos alerta pueden reconocerte
a una distancia de metros
bajo una niebla de película
en pleno centro de Santiago
a las doce del día en medio de la gente, animal.
Todos mis sentidos alerta.
Dije todos menos el sentido del humor.

7
Cuídate de mí, maldito, porque te amo.

8
Más vale que te cuides.
Tú sabes una caída en la ducha
ésas son caídas fatales me entiendes
un remedio de más o equivocado te fijas
un accidente casero cualquiera tiene en la vida
arreglabas un enchufe y ¡oh, sorpresa, Fiat Lux! me comprendes
o el cuchillo de cocina guardado adentro de la cama
o el gas lento pero seguro no olvidemos.
Por eso, cuídate, mejor que te encuentre confesado
oleado sacramentado y todo, si te descubro amadísimo héroe.


Te acaricio te araño con táctica felina
porque estás mintiéndome
porque te juro lo sé todo
aunque no digas ni pío.

10
Tardaría la noche entera enumerando
los espantos que te haría
si se confirman mis -según tu miserable opinión-
infundadas sospechas.
No tienes idea la de horrores que soy capaz
mi vida
la infinidad de maleficios que prepararía en la cocina
hasta dar con esa pócima
que te pusiera fuera de combate.

11
En esta guerra sangrienta
las matemáticas están claramente de tu parte
yo soy una y una no es ninguna.
Ante una ventaja así no cabría más
que deponer esas armas con las que no cuento
y saludarlos con mis mejores deseos:
que sean tremendamente infelices que se pudran.
Quiero que reciban periódicamente
a la cigüeña cargada de imbunches
que no falten al himeneo las reinas de la muerte,
las parcas de infalibles tijeras
¡Oh, Mnémesis
diosa fantástica de la venganza!

Somos pobres


Desde antes de la muerte de mi padre
nosotros somos pobres,
y conocemos la ternura
del pan y de las flores.

Vivimos en casitas arrendadas
en barrios populares.
donde hay gente vulgar y alegre, y donde
no nos conoce nadie.

Entre esta multitud que sufre y lucha,
vivimos silenciosos,
con esas humildades de los príncipes
cuando viajan de incógnito.

De vuelta del trabajo, nunca salgo
de este rincón anónimo
donde estudio y escribo
y me escucho y me ahondo.

A veces salgo a recorrer el barrio
bajo las tardes otoñales
y la gente me mira indiferente.
No nos conoce nadie.